Muchos de nosotros nos hemos encontrado sentados en una habitación tranquila, rodeados por la quietud de la mañana, con nuestra Biblia abierta en nuestro regazo. Puede que hayamos estado leyendo el mismo pasaje durante años, pero en este día en particular, las palabras parecen adquirir una nueva profundidad, un nuevo significado. Ésta es la esencia de la lectio divina, una forma lenta y contemplativa de leer las Escrituras.
El concepto de lectio divina tiene sus raíces en la idea de que las Escrituras no son sólo un libro para leer, sino una palabra viva que respira y que puede hablarnos de manera profunda. Como escribe el salmista: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" (Salmo 119:105). Este versículo nos recuerda que la palabra de Dios es una fuerza guía en nuestras vidas, que ilumina el camino a seguir y brinda dirección cuando más la necesitamos.
Para practicar la lectio divina, comience eligiendo un pasaje de las Escrituras que le resuene. Puede ser un versículo conocido o uno que nunca hayas leído antes. Tómate unos momentos para tranquilizar tu mente y luego comienza a leer el pasaje lentamente, saboreando cada palabra. Mientras lees, presta atención a las frases o palabras que te llamen la atención. Es posible que descubras que un versículo o frase en particular parece hablar directamente a tu corazón, como señala el escritor de Hebreos: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos" (Hebreos 4:12).
Mientras continúas leyendo y reflexionando sobre el pasaje, considera lo que podría decirte en este momento. ¿Qué ideas u orientación podría ofrecer? ¿Qué emociones o pensamientos surgen al reflexionar sobre las palabras? El profeta Isaías escribe: "Pero tú serás llamado profeta de Jehová, cuando digas lo que Jehová ha dicho" (Isaías 61:6, 7 y versículos relacionados, específicamente 61:6, pero también considera el capítulo completo para el contexto, aunque la frase específica se encuentra en 61:6, y otros temas relacionados se encuentran en los versículos circundantes). Esto nos recuerda que la palabra de Dios es una herramienta poderosa para hablar la verdad y guiar nuestras vidas.
La práctica de la lectio divina no se trata de leer una cierta cantidad de Escritura en un momento determinado, sino de frenar y permitir que las palabras penetren en nuestro corazón y mente. Es una manera de cultivar una relación más profunda con Dios y de permitir que Su palabra nos moldee y guíe.
A medida que nos comprometemos con esta forma lenta y contemplativa de leer las Escrituras, podemos encontrar que nuestra comprensión de la Palabra de Dios se profundiza y que somos más capaces de aplicar sus enseñanzas a nuestra vida diaria. También podemos encontrar que nuestra fe se fortalece y que estamos más en paz, incluso en medio de circunstancias difíciles.
Señor, ayúdanos a frenar y escuchar verdaderamente tu palabra, para que seamos guiados y consolados por su verdad.