Te despiertas una mañana y, a medida que te levantas lentamente de la cama, notas los dolores y molestias que parecen aparecer con la edad. Tu mente comienza a divagar, pensando en los años que han pasado y en cómo ha cambiado tu vida. Empiezas a reflexionar sobre tu fe y cómo ha evolucionado con el tiempo. Piensas en cuando tenías treinta años, lleno de energía e idealismo, y en cómo tu fe parecía mucho más simple entonces.
Al mirar atrás, te das cuenta de que tu fe ha sufrido una transformación, al igual que el resto de tu vida. Ha experimentado altibajos, triunfos y fracasos y, a pesar de todo, su fe ha sido moldeada y refinada. Has llegado a comprender que la fe no se trata sólo de sentirse bien o ser feliz, sino de confiar en la soberanía de Dios, incluso cuando las cosas no tienen sentido. Como dice la Escritura: "Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia" (Proverbios 3:5).
Has aprendido a apreciar la sabiduría que viene con la edad y la fe que ha sido probada y puesta a prueba. Has llegado a ver que la fe no se trata sólo de lo que crees, sino de cómo vives tu vida. Has aprendido a confiar en la bondad de Dios, incluso cuando las cosas no salen según lo planeado. Como dice la Escritura: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, es decir, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28).
A medida que continúa reflexionando sobre su fe, se da cuenta de que está bien si se siente diferente a como se sentía cuando tenía treinta años. Has crecido, has aprendido y tus experiencias te han moldeado. Has llegado a comprender que la fe es un viaje, no un destino. Has aprendido a confiar en la presencia de Dios, incluso en medio de la incertidumbre. Como dice la Escritura: "Por nada os afanéis, sino que en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones a Dios" (Filipenses 4:6).
Has llegado a ver que la fe no se trata sólo de lo que sientes, sino de lo que sabes que es verdad. Sabes que Dios es fiel, que es bueno y que te ama. Sabes que Él tiene un plan para tu vida y que está obrando todo para tu bien. Has aprendido a confiar en Su bondad, incluso cuando no lo entiendes.
Al mirar hacia el futuro, sabes que tu fe seguirá evolucionando. Enfrentarás nuevos desafíos, nuevas incertidumbres y nuevas oportunidades para confiar en Dios. Continuarás creciendo, aprendiendo y dejándote moldear por tus experiencias. Y a pesar de todo, confiarás en la presencia de Dios, Su bondad y Su amor.
Señor, ayúdanos a confiar en tu bondad, incluso cuando nuestra fe se sienta diferente a la del pasado, y a saber que tú siempre estás con nosotros, guiándonos y dirigiéndonos.